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Cómo no ser estafado al vender oro

Estafa Compra de oro

Cómo no ser estafado al vender oro

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La trampa del ácido

Marta* llegó ese martes de octubre con la cadena de oro que había heredado de su abuela. Necesitaba el dinero para pagar la construcción de su casa—no era un capricho, era una necesidad real. En el local de Leiva Joyas, sobre Av. Corrientes, le pesaron la pieza: 19 gramos de oro 18 kilates. «Te puedo dar hasta 120 mil pesos», le dijeron con una sonrisa amable. Ella respiró aliviada. Con eso podría cubrir al menos parte de los materiales.

Pero entonces llegó «la prueba«.

Necesitamos verificar que sea oro auténtico«- , explicó el tasador mientras sacaba un frasco con líquido transparente. Marta asintió. Por supuesto, era lógico. Nadie quiere comprar oro falso, ¿verdad? El hombre sumergió la cadena en el ácido. Segundos después, cuando la sacó, la pieza que brillaba minutos antes ahora lucía opaca, con manchas verdosas y negras.

– «Lamento decirte que no es oro 18K. Es de muy baja calidad, probablemente bañado. Lo máximo que puedo ofrecerte son 30 mil pesos«.-

Marta sintió que el piso se movía bajo sus pies. De 120 mil a 30 mil en cuestión de segundos. Y ahora su cadena estaba arruinada—o eso creía ella. -«Si la llevás a otro lado así, nadie te va a dar nada«- , agregó el tasador con tono comprensivo pero firme. Derrotada, Marta  salió del local sintiéndose estúpida, engañada por su propia abuela que le había asegurado que esa cadena era «oro legítimo«.

Dos días después, charlando con una amiga sobre lo sucedido, alguien le sugirió algo que cambió todo: -«Lavala bien con detergente y dejala secar«-. Marta lo hizo por pura curiosidad. Y entonces ocurrió lo impensable: la cadena volvió a brillar. El oro volvió a ser oro. Las manchas desaparecieron como por arte de magia.

No era magia. Era estafa.

El modus operandi que tiene en vilo a miles de argentinos

La historia de Marta no es única. Es una entre miles. Literalmente, miles.

Según testimonios recopilados en foros, redes sociales y portales de quejas como TuQuejaSuma, las denuncias contra joyerías que operan con esta metodología han crecido exponencialmente en los últimos dos años. Y siempre siguen el mismo patrón, casi como si siguieran un manual.

Pero para entender realmente la dimensión de esta estafa, primero hay que entender cómo te llevan hasta ahí.

La trampa comienza en tu living

«Compramos oro. Pagamos el valor de tus afectos.»

Escuchaste esa frase, ¿verdad? La oíste en la tele mientras cenabas. La viste en un cartel gigante en la avenida. Apareció en tu feed de redes sociales. Es imposible no haberla escuchado si vivís en Buenos Aires o en las principales ciudades argentinas.

Es un eslogan brillante, hay que reconocerlo. Marketing de primera. Porque no te están diciendo «vendenos tu oro«. Te están diciendo algo mucho más poderoso: «Entendemos que eso que llevás en tu mano no es solo metal. Es tu abuela. Es tu historia. Es tu familia. Y vamos a honrar eso.«

Es hermoso. Es emotivo. Es exactamente lo que alguien en tu situación necesita escuchar.

Y es mentira.

El perfil de quien cae: no es quien pensás

Acá viene algo que tal vez te sorprenda. Las víctimas de esta estafa no son personas ingenuas o «tontas» que no saben lo que hacen. Son personas exactamente como vos o como yo en un momento de necesidad real.

El perfil típico es:

María, 58 años, tiene que hacer una refacción urgente en su casa porque hay humedad y su nieto tiene asma. Heredó de su madre un juego de anillos y una cadena de oro 18K. Nunca los usa. Están en un cajón. Vio el anuncio en la tele y pensó: «Bueno, al menos le voy a dar un uso«.

Carlos, 45 años, quedó sin trabajo en la pandemia. Tiene una idea de emprendimiento que podría funcionar. Necesita capital inicial. Su padre le dejó un reloj Omega cuando falleció. Es hermoso, pero Carlos no es de usar relojes finos. «Papá entendería«, piensa. «Él querría que salga adelante«.

Sandra, 62 años, su esposo necesita un tratamiento médico no cubierto por la obra social. Tienen joyas de su casamiento, de cuando las cosas eran diferentes. Ya no salen a ningún lado donde se usen esas cosas. «Son solo objetos«, se dice a sí misma, aunque le duela.

¿Ves el patrón? No son personas buscando hacer plata fácil. Son personas en situaciones reales, tomando decisiones difíciles, tratando de resolver problemas concretos.

Y el eslogan «pagamos el valor de tus afectos» les habla directamente. Les dice: «Entendemos que esto te duele. Vamos a tratarlo con respeto.«

La arquitectura de la manipulación

Ahora que ya entraste al local, comienza el verdadero proceso. Y está diseñado, paso a paso, para manipular tu psicología.

Paso 1: La bienvenida cálida

El lugar es lindo. Seguridad en la puerta. Recepcionista amable. Todo limpio, profesional. Te hacen sentir que viniste al lugar correcto. «Estos son serios«, pensás. «No como esos otros lugares medio turbios«.

Te ofrecen café o agua. Hay revistas. Ves a otra gente esperando. «Debe ser buen lugar si hay tanta gente«, razonas.

Paso 2: La consulta «sin compromiso»

«La tasación es completamente gratuita, sin ningún compromiso. Queremos que usted se vaya tranquilo conociendo el valor real de sus piezas. No hay presión.«

Perfecto, ¿no? Total, si no te convence, te vas y listo. No perdés nada.

Excepto que sí vas a perder. Pero todavía no lo sabés. 

Paso 3: La cotización que te alegra el día

Te pesan las piezas. El tasador es profesional, usa guantes blancos, habla con términos técnicos. Parece que sabe lo que hace.

«Veo que tiene 25 gramos de oro 18 kilates. Excelente calidad. Hoy el gramo está a… déjeme ver… podríamos estar hablando de 7 millones de pesos.«

Siete millones. Tu corazón late más rápido. Con eso solucionás tu problema y te sobra. Tal vez pensaste que serían tres, cuatro millones. Pero siete…

«¿En serio?«, preguntás, sin poder disimular la emoción.

«Bueno, eso es aproximado. Tengo que hacer la verificación de autenticidad, por supuesto. Pero sí, por ahí estaríamos.«

Ya estás imaginando qué vas a hacer con ese dinero. El problema que te trajo acá ya está resuelto en tu mente.

Paso 4: «La verificación necesaria»

«Ahora necesitamos verificar que efectivamente sea oro 18K legítimo. Es un procedimiento estándar, se lo hacemos a todas las piezas. ¿Me permite?«

Por supuesto que permites. Es lógico. Ellos tampoco quieren comprar oro falso, es entendible. Estás tan aliviado por la cifra que escuchaste que cualquier «procedimiento estándar» te parece bien.

Y acá es donde empieza la parte oscura.

El tasador saca tus piezas: la cadena de la abuela, el anillo de tu mamá, el reloj del abuelo y hace algo que, si supieras lo que significa, saldrías corriendo de ahí.

Las corta.

«Es necesario para hacer la prueba en el interior del metal, no solo la superficie«, te explica con naturalidad.

Tu estómago se contrae un poco. Esas piezas eran perfectas hace cinco minutos. Ahora tienen un corte. Pero bueno, si es necesario…

Luego las sumerge directamente en un líquido. No te muestran bien qué es. Actúan rápido, con seguridad. Vos confiás.

Pasan unos segundos que se sienten eternos.

Cuando las saca, tus joyas ya no brillan. Están opacas. Tienen manchas verdosas, negras, blancas. Parecen… parecen basura. Parecen el tipo de cosas que encontrás en un basural.

Tu corazón, que hace un minuto latía de emoción, ahora late de pánico.

Paso 5: La sentencia que te destruye

El tasador hace una mueca. Niega con la cabeza.

«Lamento mucho decirle esto, pero… estas piezas no son oro 18K legítimo. Mire la reacción. Esto indica que tiene un altísimo porcentaje de aleación, probablemente cobre y zinc. En el mejor de los casos, esto es oro de 10K, pero de muy baja calidad. Y este anillo… lamento decirlo, pero es baño. Es plata bañada en oro.«

El mundo se te cae encima.

«Pero… ¿cómo? Estas joyas son de mi familia. Mi abuela me aseguró que eran de oro legítimo. Tienen el sello 18K marcado…«

«Sí, entiendo que es difícil de aceptar. Lamentablemente es muy común. En los años ’70 y ’80 se vendía mucho oro de baja calidad como si fuera 18K. O directamente baño. Las marcas se falsificaban fácilmente.«

Estás en shock. Viniste pensando que ibas a resolver tu problema. Ahora resulta que las joyas de tu familia son… ¿falsas? ¿Trucho? ¿Tu abuela te mintió? ¿O la engañaron a ella también?

Paso 6: La falsa compasión y la oferta irrisoria

«Mire, entiendo que esto debe ser muy frustrante para usted. Pero por más que no sea oro de alta calidad, algo de valor tiene. Son 25 gramos de metal, al fin y al cabo. Y siempre hay mercado para fundición…«

Hace unos cálculos en la calculadora. Frunce el ceño.

«Le puedo ofrecer 2 millones. Sé que está lejos de los 7 millones que mencioné al principio, pero entienda que eso era bajo el supuesto de que fueran piezas legítimas de 18K. Esto es lo máximo que puedo hacer por material de esta calidad.«

De 7 millones a 2 millones. Un 71% menos.

Y lo peor es que ni siquiera son 2 millones de pesos lo que necesitabas. Eran 7. Con 2 no resolvés tu problema. No alcanza para la refacción. No alcanza para el emprendimiento. No alcanza para el tratamiento médico.

Paso 7: La presión psicológica final

Estás ahí parado, en shock, tratando de procesar todo esto. Tus joyas, que hace 20 minutos eran preciosas, ahora son un montón de metal cortado, opaco y manchado en una bandeja.

Y entonces viene el golpe final.

«Entiendo que quiera pensarlo. Pero tenga en cuenta que ahora que hicimos las pruebas, las piezas quedaron en este estado. Si las lleva a otro tasador, le van a decir lo mismo que le estoy diciendo yo. Nadie le va a ofrecer más de lo que le estoy ofreciendo ahora. De hecho, probablemente le ofrezcan menos, porque ya están cortadas y manchadas.«

Traducción: «Es esto o nada.«

Estás desorientado. Confundido. Avergonzado. Enojado. Triste. Todo al mismo tiempo.

Y tenés que tomar una decisión YA. El tasador está esperando una respuesta. Hay otra gente esperando en la sala. El tiempo corre.

¿Qué hacés?

La mayoría acepta.

Porque el quiebre psicológico en ese momento es total. Viniste con esperanza y te vas con humillación. Viniste pensando que ibas a honrar la memoria de tus seres queridos usando sus joyas para algo importante. Y te dicen que esas joyas nunca valieron nada. Que el «valor de tus afectos» del eslogan era humo.

El insulto final: El valor de tus afectos = $0

«Pagamos el valor de tus afectos«, decía la publicidad.

Pero resulta que el valor de tus afectos, según ellos, es 2 millones en lugar de 7. O peor: es la humillación de descubrir que «siempre fue trucho«.

Tus afectos no valen nada. Tu abuela te mintió o la engañaron. Tu historia familiar es una farsa. Y encima, te vas sin haber resuelto tu problema.

Es devastador. No es solo una estafa económica. Es una violación emocional.

Los números no mienten: un patrón perfectamente diseñado

Ahora miremos esto con frialdad, desde afuera.

Alejandro, un salteño que denunció públicamente su caso a FM Capital en agosto de 2022, lo describe con claridad quirúrgica: «Pesaron mi anillo y cadena y me dijeron que tengo $120 mil pesos a mi favor. Acepté la oferta y luego me dicen que ponen un líquido en un recipiente para conocer el valor real. Después del proceso me dicen que tenemos el valor de $60 mil pesos«.

¿La cifra les suena familiar? Exactamente la mitad. Como en el caso de Marta. Como en decenas de casos documentados.

No es coincidencia. Es un sistema.

El joyero ucraniano Artem, quien tiene un taller en Buenos Aires y no atiende al público (por lo que no tiene conflicto de intereses en esto), fue contundente en sus redes sociales:

«La joyería Ricciardi original quebró en 2006 y en 2008 la marca fue comprada. Leiva Joyas, Ricciardi, El Tasador, Banco de Joyas y unos cuantos más que fomentan los famosos de la tele como Mirtha Legrand, no son joyerías, sino redes que se dedican a estafar a los clientes».

Fuertes palabras. Pero, ¿qué hay detrás de ellas?

Hay un sistema perfecto de manipulación psicológica que juega con tu necesidad, tus emociones, tu ignorancia técnica y tu vulnerabilidad. Un sistema que convierte el dolor de desprenderte de objetos con valor sentimental en una máquina de hacer dinero.

Para ellos.

No para vos.

El truco científico que pocos conocen (y que puede salvarte)

Acá viene la parte técnica que todos deberíamos conocer. Porque el conocimiento, en este caso, es literalmente dinero.

La prueba del ácido para verificar oro es legítima. Los joyeros profesionales la usan hace décadas. Pero—y esto es crucial—debe hacerse de una manera muy específica:

El método correcto:

  1. Se frota la joya sobre una piedra de toque negra (dejando una marca)
  2. Se aplica UNA GOTA del ácido correspondiente al quilataje SOBRE LA MARCA en la piedra
  3. NUNCA se sumerge la joya directamente en el ácido
  4. Se usa el ácido apropiado para cada quilataje (10K, 14K, 18K, etc.)
  5. La reacción química debe ser observada sobre la piedra, no sobre la joya

Según expertos en gemología consultados para esta investigación, un verdadero profesional jamás sumergirá una pieza de oro directamente en ácido concentrado.

El método fraudulento:

  • Sumergen la pieza DIRECTAMENTE en el líquido
  • Usan ácido nítrico concentrado o mezclas corrosivas más fuertes de lo necesario
  • La joya queda manchada, opaca, con puntos verdosos o negruzcos
  • Te dicen que «no es oro real» o «es de muy baja calidad«
  • Te ofrecen una fracción del valor inicial
  • Y el remate psicológico: «Si la llevás así a otro lado, nadie te va a dar nada«

¿Por qué funciona este truco? Porque el ácido en alta concentración ataca momentáneamente el cobre que forma parte de la aleación en oro 18K o 14K (recordemos que el oro puro es muy blando y se mezcla con otros metales para hacerlo más resistente). Esto genera manchas verdes y negras que dan la impresión de que la pieza no es oro.

Pero acá está el secreto que no te dicen: esas manchas son superficiales y temporales. Con una limpieza adecuada usando agua, detergente y un poco de bicarbonato, las manchas desaparecen y el oro vuelve a su estado original.

Es como si te mancharan la camisa con tinta lavable y luego te dijeran que la camisa está arruinada para siempre. No es cierto. Pero en el momento del shock emocional, lo creés.

Los números no mienten: una industria de la estafa

Las cifras son aterradoras cuando las ponés en perspectiva. Según los datos recopilados:

Testimonios documentados en plataformas de quejas:

  • Leiva Joyas: Más de 150 denuncias públicas solo en portales de reseñas
  • Ricciardi: Decenas de testimonios con patrones idénticos
  • El Tasador: Quejas recurrentes sobre el mismo método

Un testimonio en Reddit de noviembre de 2024 es particularmente revelador: «Fui a Leiva, me pusieron las cosas en ácido y las cortaron con una pinza para ver su veracidad y luego me ofrecieron la mitad del dinero. No acepté. Así como estaba la llevé a otro lugar de compra y me dieron el triple«.

Otro usuario de Córdoba relata: «Malísima experiencia. Lleve un par de anillos y algunas cosas de oro, luego de la dudosa prueba del ácido, me dicen que todo es de bajo valor y me ofrecen 32,000 pesos. Ante mi negativa, me comentan que si no necesito factura, incrementan el valor a 38,000 pesos. Les dije que no y me fui. Crucé al local de El Tasador, que está justo enfrente, y me pagaron 60,000 pesos por todo«.

Sí, leyeron bien. El Tasador de enfrente le pagó casi el doble. Y antes de que piensen que El Tasador es la solución, hay que aclarar: también contra esta joyería existen denuncias por usar métodos similares.

El contexto nacional de las estafas

Según la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (UFECI), las denuncias por estafas en Argentina alcanzaron un récord en 2024: más de 34,000 reportes por delitos, lo que representa un aumento del 21.1% respecto a 2023.

Aunque estas estadísticas incluyen principalmente estafas virtuales, el aumento generalizado de fraudes coincide con el incremento de casos reportados en el sector de compra-venta de oro. La Dirección General de Defensa y Protección al Consumidor de la Ciudad de Buenos Aires reportó que los reclamos relacionados con fraudes pasaron de 446 en 2023 a 672 en 2024, un aumento del 43%.

Cuando la necesidad te hace vulnerable

Lo más doloroso de esta estafa no es solo el dinero perdido. Es el perfil de las víctimas.

No son inversores sofisticados buscando maximizar ganancias. Son personas comunes enfrentando emergencias reales:

  • La señora mayor vendiendo las joyas que juntó toda su vida para pagar un tratamiento médico
  • El padre que necesita dinero para la construcción de su casa
  • La mujer que vende las joyas de su madre fallecida para cubrir gastos funerarios
  • El trabajador que quedó sin empleo y liquida sus únicos ahorros

Y lo peor es la vergüenza posterior. Muchas víctimas no denuncian porque sienten que «fueron tontas» al caer en el engaño. Esa vergüenza es precisamente la que permite que la estafa continúe.

Un comentario en TuQuejaSuma resume este sentimiento: «Me sentí engañado. Conozco muchas personas que les pasó lo mismo pero nadie denuncia«.

Pero… ¿son todas iguales?

Acá hay que hacer una pausa importante. No todas las joyerías operan de esta manera. Y no todos los testimonios sobre Leiva Joyas, Ricciardi o El Tasador son negativos.

En los mismos portales donde aparecen denuncias de estafa, también hay testimonios de clientes satisfechos que dicen haber recibido un buen precio y un trato profesional. Esto genera una ambigüedad que complica aún más el panorama.

¿Es posible que algunas sucursales o tasadores operen de manera honesta mientras otros no? ¿Depende del día, del cliente, de la necesidad que el tasador perciba en la persona? Estas son preguntas sin respuesta definitiva aún.

Lo que sí es innegable es el patrón repetitivo: primera cotización alta, «prueba del ácido» sospechosa, cotización drásticamente reducida, presión psicológica para vender inmediatamente.

La publicidad que lo cambia todo

Hay un elemento adicional que hace esta situación particularmente compleja: la publicidad en medios masivos.

Leiva Joyas ha sido promocionada en programas de televisión de alto rating. Ricciardi se publicita como «la joyería con 100 años de trayectoria». El Tasador tuvo su propio programa en Crónica TV llamado «El Valor de Tus Joyas».

Esta presencia mediática genera confianza. Si Mirtha Legrand lo promociona, ¿cómo va a ser una estafa? Si sale en la tele, debe ser serio, ¿no?

Esta es precisamente la trampa más efectiva: la legitimidad aparente que otorga la publicidad masiva.

Cómo protegerte: la guía definitiva

Después de investigar decenas de casos y consultar con joyeros profesionales, estas son las reglas de oro (nunca mejor dicho) para no ser estafado:

ANTES DE IR:

  1. Tomá fotos detalladas de tus joyas antes de salir de tu casa
  2. Pesá las piezas si tenés balanza de precisión
  3. Investigá el precio aproximado del oro ese día (buscá «precio oro Argentina hoy»)
  4. Calculá un valor aproximado: Si tenés 20 gramos de oro 18K y el gramo está a $300,000, tu mínimo debería rondar los $4,500,000 (considerando que siempre pagarán menos del valor internacional)

EN EL LOCAL:

  1. NUNCA permitas que hagan la prueba directamente sobre tu joya. Un joyero honesto usará una piedra de toque
  2. Pedí ver la etiqueta del ácido. Debe indicar el quilataje específico (10K, 14K, 18K, etc.)
  3. Si el frasco no tiene etiqueta o el tasador se niega a mostrarlo: ANDATE
  4. Grabá el procedimiento con tu celular. Es legal y el mero hecho de grabar ahuyenta al estafador
  5. Pedí un test de densidad antes del ácido. Este método es más confiable y no se puede manipular tan fácilmente

LA REGLA DE ORO:

Si la cotización baja más del 20-30% después de «la prueba», hay algo muy sospechoso. Decí que no, recuperá tu joya (sí, aunque esté manchada) y andáte. Podés limpiarla en tu casa.

DESPUÉS DE UNA COTIZACIÓN SOSPECHOSA:

Si te mancharon la joya y la recuperaste:

  1. Lavala con agua tibia y detergente
  2. Usá bicarbonato de sodio con un cepillo suave
  3. Dejala secar completamente
  4. Esperá algunas horas—muchas manchas desaparecen con el tiempo

Y si la joya vuelve a su estado normal, ya tenés la confirmación: intentaron estafarte.

Las joyerías honestas existen

No todo es oscuridad en este mundo. Según el joyero Artem y otros profesionales consultados, en Buenos Aires existen zonas con joyerías tradicionales de buena reputación.

«Si quieren vender sus joyas de oro, plata, platino, etc., a precio justo sin que les paguen menos de lo que realmente vale, en la calle Libertad hay decenas de locales con joyerías honestas con muy buena reputación. Recorran a unas cuantas para ver lo que les ofrecen«, aconseja Artem en su posteo de redes sociales.

La recomendación de los expertos es clara:

  • Visitá mínimo 3 joyerías diferentes
  • Compará precios antes de vender
  • Buscá referencias en foros y redes sociales
  • Desconfiá de publicidad agresiva y promesas de «mejor precio del mercado»
  • Consultá con joyeros tradicionales del barrio que llevan años en el mismo local

Qué hacer si ya fuiste víctima

Si ya caíste en esta estafa, no estás solo y podés actuar:

  1. Denunciá penalmente: Acudí a la comisaría más cercana y hacé la denuncia
  2. Denunciá ante Defensa del Consumidor: En CABA podés hacerlo online en https://www.buenosaires.gob.ar/defensaconsumidor
  3. Si involucra medios digitales: Denunciá a la UFECI (Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia) al mail denunciasufeci@mpf.gov.ar
  4. Compartí tu experiencia: En redes sociales y foros, para advertir a otros
  5. No te sientas avergonzado: Los estafadores son profesionales de la manipulación psicológica

La pregunta incómoda: ¿Por qué siguen operando?

Esta es la pregunta que deberíamos hacernos todos. Si hay tantas denuncias públicas, tantos testimonios, tanta evidencia… ¿por qué estos negocios siguen funcionando con normalidad? ¿Por qué siguen teniendo publicidad en televisión? ¿Por qué las autoridades no intervienen?

La respuesta probablemente sea una mezcla de:

  • Falta de denuncias formales (por vergüenza o desconocimiento)
  • Dificultad para probar la estafa legalmente (es tu palabra contra la del tasador)
  • Vacíos legales en la regulación del sector
  • Y, quizás, simplemente porque es un negocio muy rentable

Según testimonios, la diferencia entre lo que pagan por el oro y su valor real puede representar márgenes de ganancia del 200% o 300%. Es difícil encontrar un negocio tan lucrativo que sea legal.

El testimonio que inspiró esta investigación

Esta investigación comenzó con el testimonio real de dos familiares que experimentaron exactamente esto: les tasaron sus joyas en $30,000,000 y terminaron recibiendo apenas $1,000,000. Un 3.4% del valor real.

No eran joyas sin valor. No eran piezas falsas. Eran joyas de oro legítimo que, después de «la prueba del ácido«, súbitamente «perdieron todo su valor«.

Ese es el momento que inspiró esta investigación. Porque cuando algo te pasa cerca, cuando ves el dolor y la frustración en personas queridas, ya no es solo una estadística. Son vidas reales afectadas.

El poder del conocimiento

Al final del día, la mejor defensa contra la estafa es el conocimiento. Saber cómo funciona el truco. Entender que esas manchas son temporales. Conocer tus derechos.

Este artículo no pretende acusar específicamente a ninguna joyería en particular. La justicia determinará, en cada caso, si hubo o no conductas fraudulentas. Lo que sí pretendemos es dar herramientas a los ciudadanos para que no caigan en estas trampas.

Porque en tiempos de crisis económica, cuando muchas familias se ven obligadas a vender sus últimos bienes de valor, lo último que necesitan es ser estafadas por quienes deberían brindar un servicio honesto.

La próxima vez que necesites vender oro, recordá esta regla simple pero poderosa: si la prueba se hace directamente sobre tu joya en lugar de sobre una piedra de toque, estás frente a una red flag gigante.

Y si ya te pasó, no te quedes callado. Denunciá. Compartí tu experiencia. Porque tu voz puede evitar que otra persona caiga en la misma trampa.

El oro es uno de los metales más nobles que existen. Es resistente, no se oxida, mantiene su valor a través del tiempo. Es irónico que algo tan noble sea usado por personas sin ninguna nobleza para engañar a quienes más lo necesitan.

ACTUALIZACIÓN IMPORTANTE:
Este artículo fue actualizado el 25 de noviembre de 2025 con información adicional de casos recientes. Las joyerías mencionadas fueron contactadas para obtener su versión de los hechos, pero no se obtuvo respuesta.

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